
La histeria femenina era un popular diagnóstico médico para explicar una misteriosa enfermedad que sólo afectaba a las mujeres de la época.
Los síntomas de aquella misteriosa enfermedad eran: desfallecimientos, retención de líquidos, pesadez abdominal, cambios de humor, respiración entrecortada, insomnio, pérdida del apetito, irritabilidad y agresividad.
Los maridos enviaban a sus esposas al médico, que diagnosticaba que padecían “Histeria”.
Su tratamiento se basaba en métodos arcaicos y dañinos, como los sangrados, las inyecciones de nitrato de plata y las cauterizaciones o en la extirpación del útero.
También había otro tratamiento que consistía en un “masaje pélvico” con la finalidad de lograr el paroxismo histérico, (no el orgasmo, ya que por entonces se pensaba científicamente que las mujeres no podían tener orgasmos).
Tantas mujeres empezaron a asistir a las consultas para recibir su “tratamiento para la histeria”, que los médicos al final de la jornada tenían dolores y molestias musculares.
Hasta que Mortimer Granville creó un aparato que producía vibraciones rítmicas para lograr más fácil y más rápido el paroxismo histérico en la paciente, sin necesidad del masaje manual.
He aquí el origen del vibrador.
En esa época era visto como un artefacto curativo, incluso las mujeres más adineradas, los tenían en sus casas para cuando sentían “brotes de histeria”.
A día de hoy podemos entender que la única enfermedad de aquellas mujeres era el padecimiento de la represión sexual de la época. Donde la masturbación solo era permisible bajo prescripción médica y el disfrute sexual únicamente se limitaba a los hombres.
(Podéis ver la película del 2011 “Hysteria”, dónde se habla del tema)
