
No duele la cabeza, duelen los pensamientos repetitivos.
No duele la garganta, duele lo que no se expresa o se expresa de mala manera.
No duelen los ojos, duele la injusticia.
No duele el estómago, duele lo que nos cuesta digerir.
No duele la espalda, duelen las cargas.
No duele el hígado, duele la ira y enfado contenido.
No duele el corazón, duele no tener ganas de vivir.
No te ahogan los pulmones, te ahoga la tristeza.
Escucha atentamente tu cuerpo, él te habla, susurrándote que emoción no estás gestionando correctamente.
No acalles tu cuerpo, él está hablándote.
Escúchalo atentamente y entenderás que emoción no estás gestionando bien.
Obsérvala, enfréntala, trabaja con ella y después suéltala, así el dolor también se marchará.
