
Antes de nacer, cuando decidimos volver a la Tierra a vivir otra experiencia humana, pactamos con almas amigas para que nos ayuden en nuestra evolución.
Decidimos qué experiencias viviremos en ésta nueva encarnación:
Podría ser vivir el desapego, aprender de la soledad, de la pobreza o riqueza, vivir la discapacidad, experimentar la humildad, nacer en un país o familia complicada.
Cada una de las almas amigas que deciden acompañarte, harán un papel en tu vida; hermanos, padres, compañeros de colegio, vecinos, amigos, amores… algunos de ellos tienen un papel muy marcado y otros son personas que parece ser que pasan de forma esporádica; cómo el médico que te atiende en un accidente, un desconocido que te ayuda en una situación difícil…
Nada es casual en tu vida.
Nos hemos repartido los papeles, pero existe el libre albedrío, por lo que cada uno de ellos (de los personajes de tu vida, incluido tú mismo), puede decidir hacer algo o no hacerlo, asumir sus responsabilidades, tomar iniciativas, enfrentar sus miedos o quedarse paralizado ante ellos.
Aunque tú no recuerdes que has venido a aprender con cada uno de ellos, tu alma si lo sabe, y te susurra mensajes mediante la intuición.
Esa intuición que muy a menudo ignoramos.
Esa es la magia de la vida, ya que aunque hay un destino, dentro de él hay cientos de caminos, que podemos tomar, cambiando muchas veces, aquello que decidimos hacer cuando aún no habíamos encarnado.
No olvides que ese vecino ruidoso, gruñón e insolente, que no soportas, fue una de esas almas a las que pediste que volvieran, para ayudarte a aprender algo.
No es tu enemigo, él te trae uno de los aprendizajes que has de superar.
Deberíamos mirar a las personas que están en nuestra vida, sentir su alma y decirles:
_”Gracias por respetar el trato que hicimos antes de nacer”.
