
Acompañar se trata de “estar presente” para el dolor de otra persona; no de hacer que su dolor desaparezca.
Acompañar se trata de “darle la mano” al que se siente perdido; no de creer que somos responsables de encontrarle una salida.
Acompañar se trata de “escuchar con el corazón”; no de analizar con la cabeza.
Acompañar es “estar presente” en las luchas de otros; no de juzgar o dirigir esas luchas.
Acompañar se trata de “caminar al lado”; no de conducir el camino del otro.
Acompañar se trata de dejar “espacios de silencio”; no de llenar con palabras cada momento.
Acompañar se trata de “respetar” el desorden y la confusión en la otra mente; no de imponer tu orden y tu lógica.
Acompañar se trata de aprender de otros, “observando y sintiendo”; no de enseñarles, hablando y aconsejando.
Acompañar, la mayoría de veces es que el otro sienta “que Estás Ahí” y con ese simple gesto basta para Acompañar…
