
Aprende a decir sólo lo que debes decir, y a callar lo que es necesario que no sea oído.
No hay que decirlo todo, para ser comprendido.
No hace falta contarlo todo, para ser sincero y transparente.
No tienes que hablar mucho para que el otro entienda tu realidad.
Si el otro no está preparado para verla, no la entenderá por mucho que tú te esfuerces intentando explicarla.
Aprende a callar lo que debes callar.
Cuando un proyecto aún no es firme, aprende a no contarlo, porque los miedos de los demás, pueden bloquear eso que está por llegar a tu vida.
El mejor maestro; el silencio.
Aprende, entiende, crece, medita, piensa y calla cada día más.
Practica el silencio cada vez un poco más, y decide no hablar si crees que tus palabras no serán entendidas, o si tienes que proteger algo que aún está germinado.
Es más difícil controlar el arte del silencio que el de las palabras.
