
Rodéate de personas fuertes, más bellas o hermosas que tú, más inteligentes que tú, y no para envidiarlas sino para admirarlas y aprender de ellas.
Rodéate de buenas personas que saben escuchar, de personas que te enseñan su poder.
Rodéate de mujeres y hombres conscientes, para tejer una red invisible, una red para todos, incluso para los no conscientes, para no dejarlos caer, para que sientan el abrazo colectivo, para que no se sientan solos, ni locas, ni locos, ni raros.
Rodéate de personas que aceptan su sombra, que no piden perdón por ser luz, que son conscientes de su fuerza y su poder, y que se sientan vivas.
Rodéate de personas valientes, luchadoras que abren camino y derriban muros, personas que no siguen las normas establecidas por una sociedad enferma, que no piden permiso para vivir.
Rodéate de personas que te animan a que sigas siendo quien eres, que te dan confianza y afecto, que te hacen recordar, que todos somos Uno y que juntos caminamos hacia un Nuevo Mundo.
