
Me volví adicta…A la tranquilidad, a la libertad, a la paz y a la soledad.
A ser feliz con alguien, a ser feliz sin nadie o a pesar de alguien.
Y me volví adicta…
A regalarme todo el tiempo y espacio que deseé a mí misma.
A no mendigar atención y cariño.
A no regalar a cualquiera la oportunidad de entrar en mi mundo, en mi mente o en mi corazón.
A disfrutar de los días de lluvia tanto, como los días de sol.
Y me volví adicta…
A brillar con luz propia, a valerme por mi misma.
A olvidarme del calendario y a disfrutar cada día como si todos fueran vacaciones.
A quererme, a sonreír y agradecer por todo.
Creo que el amor propio no es pensar que eres perfecta o creer que eres físicamente hermosa, eso es vanidad.
Amor propio es cuando reconoces la verdad.
Cuándo observas tus carencias, tus límites, tus defectos y te aceptas, te amas y eres feliz a pesar de todo.
Y a todo eso, me volví adicta con el paso de los años.
Así que no cambio ésta edad, por ninguna otra, voy a seguir siendo adicta a todo lo que me hace sonreír.
