
Mi hija ha crecido, ya es mayor, estudia fuera y está creando su propia vida, (y por cierto que está haciéndolo genial, …me siento súper orgullosa de ella).
Pero cuando viene a casa, a pasar unos días, vuelve a ser mi niña, … a mí me encantan esos momentos, y sé que a ella también.
Cuando se despierta por las mañanas, me dice:» _Túmbate a mi lado un ratito».
Y ahí, las dos en su cama, hablamos, nos reímos y nos abrazamos, pero lo más hermoso y lo más tierno que llena mis oídos es cuando me dice: «_mmmmm, HUELES A MÁMA!!».
La primera vez que me lo dijo, sentí un calor muy agradable llenando mi corazón.
Ella cierra los ojos cuando lo dice, como queriendo retener ese olor, que seguro la traslada a momentos vividos cuando era más pequeña.
Yo, cierro los ojos, y atesoro esas palabras, bueno, más que las palabras, el significado de esos momentos llenos de ternura y de amor.
Antes, no había pensado que pudiera existir ese olor, pero al escucharla, me traslado al momento en que la tenía entre mis brazos siendo un bebé, y recuerdo ese inconfundible olor que emanaba, un olor dulce, suave, un olor parecido a una nube de algodón.
Y me llegó de forma inesperada, el olor a muñecas, a colonia, a gomas de colores y coletas.
Me llegó el olor a cuentos, a risas y a abrazos, a miradas tiernas y complicidades.
Me llegó también un olor a deberes, a las primeras salidas, a sus primeros zapatos de tacón.
Me envolvió el olor de nuevas ilusiones, de aprendizajes y de partidas.
Abrí los ojos la miré y volvió a inundarme, ese inconfundible olor, a nubes de algodón.
Pero ninguno de esos olores me emocionó tanto como volverla a escuchar decir: «_¡Cómo me gusta el OLOR A MÁMA!!!
Te amo princesa!
